La vendimia termina, pero el trabajo en los viñedos de Alpartir continúa. Ahora estamos arreglando ribazos, controlando la vegetación y preparando las fincas para el invierno. Son trabajos que durante la vendimia quedan en segundo plano, pero que son esenciales para mantener estas viñas de montaña. En terrenos con pendiente, conservar los accesos y reparar los daños de los bancales nos permite trabajar mejor y evitar que los problemas crezcan con las lluvias.

En algunas fincas también estamos instalando vallados porque los daños de corzos y jabalíes son cada vez más difíciles de asumir. Cultivamos viñas viejas en vaso, con la vegetación cerca del suelo y al alcance de los animales. El corzo se come los brotes tiernos y puede dejarnos una cepa sin producción, además de eliminar brotes que necesitamos para formarla y podarla al año siguiente. El jabalí se alimenta de las uvas y remueve el terreno. Vallamos las parcelas donde necesitamos proteger las plantas y asegurar la cosecha; recuperar y cultivar una viña vieja requiere mucho trabajo, y perder sus brotes en unos días compromete ese esfuerzo.

El arte de la piedra seca

En El Jardín de las Iguales estamos reconstruyendo muros de piedra seca. Estos muros permiten cultivar las laderas porque sostienen la tierra de los bancales y ayudan a frenar su pérdida por erosión. Los rehacemos con la piedra del lugar, sin mortero, encajando las piezas para conseguir una estructura estable que deje pasar el agua. Ese drenaje es fundamental: si el agua se acumula detrás del muro, aumenta el empuje y puede acabar derribándolo. Mantener los bancales es una parte esencial de la conservación del viñedo.
Biodinámica y ciclos naturales

El otoño es también un momento de trabajo con los preparados biodinámicos, entre ellos el 500, o boñiga en cuerno, que aplicamos al suelo dentro de nuestra forma de entender la agricultura. Para nosotros, este trabajo forma parte de un cuidado más amplio: conservar la materia orgánica, favorecer la actividad del suelo y reducir la erosión. Prestamos atención a las condiciones de humedad y temperatura de cada finca, porque cualquier actuación debe tener sentido en el terreno y en el momento en que se realiza.
Todavía no estamos podando. Después de vendimiar, las hojas que siguen activas continúan trabajando y la planta acumula reservas en sus partes permanentes, incluidas las raíces. Esas reservas serán importantes cuando vuelva a brotar en primavera. Dejamos que complete este proceso y esperamos al reposo vegetativo para organizar la poda, ajustando las fechas a cada parcela y a su exposición al frío.
El pulso de la bodega
Mientras tanto, en bodega estamos prensando los últimos vinos y bajándolos a las cuevas para comenzar la crianza. Decidimos el momento del prensado catando y siguiendo la evolución de cada depósito, porque cada viña y cada fermentación llevan su ritmo. Después elegimos dónde criará cada vino y seguimos observando cómo evoluciona. Las cuevas nos ofrecen unas condiciones de temperatura estables que nos ayudan a acompañar ese proceso con calma.
Estos meses son importantes para la continuidad del proyecto. Estamos terminando de elaborar una añada y, al mismo tiempo, cuidando las condiciones de la siguiente. Arreglar un muro, proteger una cepa o conservar el suelo tiene una consecuencia directa sobre nuestra capacidad de seguir cultivando estas viñas dentro de veinte o treinta años.

